30/70 UNA PROPORCIÓN QUE CAMBIA AL MUNDO

Existen proporciones numéricas que han contribuido notablemente al avance de la ciencia y en consecuencia al desarrollo humano.

Una de aquellas proporciones es el antiquísimo y conocido número Pi (π) el cual resulta de dividir el perímetro de una circunferencia entre la longitud de su radio.

Como observas el perímetro de la circunferencia es la línea roja que corre de 0 a π, y el diametro el segmento 0-1 (O cualquier de los cuatro segmentos de la línea), el número Pi es el segmento de línea marcado 3-π. Nuestro 3,1416

La cifra es conocida como el famoso 3, 1416, que es una aproximación del mismo ya que la proporción tiende a un número decimal infinito. En 2011 el japonés Shigeru Kondo calculó el número Pi, obteniendo 10 billones de decimales. Un diez seguido de 12 ceros.

Esa relación es conocida desde los tiempos de los Sumerios, muchos años antes de Cristo y tuvo una tremenda importancia en el desarrollo de la arquitectura y en el diseño de sus monumentos, inclusive las pirámides de Egipto.

Otro número ancestral de importancia en el desarrollo de las culturas es el denominado Fi (φ), tan bien conocido como el número aurero. Este número se obtiene al dividir dos segmentos de una recta, en que el segmento “a” sea mayor que el “b”.

Al dividir “a” entre “b” resulta el número perfecto o áureo φ= 1,618033988… otro número que tiende al infinito. La relación aurea la observas en distintos objetos como los rectángulos perfectos:

En que al dividir el lado AE entre  EF resulta el número Fi, lo que es igual a dividir el segmento AB entre el segmento BE. Por ese motivo muchos objetos rectangulares que posees guardan esta proporción: la pantalla de tu televisor, las tarjetas de identidad, o de dinero electrónico.

Los griegos usaron esta proporción aurea en sus construcciones, tanto como Leonardo Da Vinci en sus pinturas, una de ellas la Mona Lisa. En el “Hombre de Vitrubio” se aprecia la relación del cuerpo humano con el número Fi.

En la naturaleza se aprecia este número. Por ejemplo la relación entre el brazo con el antebrazo, o en:

  • La distancia entre el ombligo y la planta de los pies de una persona, respecto a su altura total.
  • La cantidad de pétalos en las flores. Existen flores con 3, 5 y 8 pétalos y también con 13, 21, 34, 55, 89 y 144. Se obtiene Fi dividiendo el número mayor entre el inmediato inferior: 8 entre 5, por ejemplo.

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Toma las siguientes medidas en tu rostro y verifica si es perfecto.

Existe otra relación no tan famosa desde el punto de vista comunicacional, al menos como las dos anteriores. Es la relación 30/70, si la resuelves obtendrás el número decimal periódico 0,5714285714285714… que tiende al infinito.

Esta relación aunque no tiene una trascendencia matemática, si la tiene en el ámbito de la enseñanza, del liderazgo, de las interacciones personales.

La proporción 30/70 se refiere a como se capten los mensajes y su impacto en el aprendizaje.

Cuando se emite un mensaje ocurre algo curioso:

  • El emisor transmite el 80% de lo que piensa,
  • El receptor percibe el 60% e interpreta el 50%.

Entonces de lo que decimos el 50% se pierde por el camino.

Ahora bien, ¿cómo se perciben nuestros mensajes?

De lo que decimos el 30% y de cómo lo decimos el 70%. Como vemos es muy importante la comunicación no verbal, ya que decimos más cosas sin las palabras que con las palabras.

De acuerdo a estas cifras de la relación la gente percibe y es impactada más por como decimos y hacemos las cosas, y no tanto por lo que decimos.

Cuando hablamos hay un proceso de degradación del mensaje, que abarca los siguientes pasos:

  1. Lo que se quiere decir
  2. Lo que se sabe decir
  3. Lo que se dice
  4. Lo que se oye
  5. Lo que se escuche
  6. Lo que se comprende
  7. Lo que se acepta
  8. Lo que se retiene
  9. Lo que se pone en práctica

Por su parte David Fishman en su obra Inteligencia Espiritual menciona las Leyes del Aprendizaje; las cuales son:

Aprendemos y retenemos:

  • 10% de lo que leemos.
  • 20% de lo que escuchamos.
  • 30% de lo que vemos.
  • 50% de lo que vemos y escuchamos.
  • 70% de lo que decimos.
  • 90% de lo que decimos y hacemos.

Como puedes notar en este variado número de cifras, proporciones y porcentajes, lo fundamental para una enseñanza fructífera, un liderazgo eficaz, un impacto en la vida de las personas es centrarse en el hacer, en la práctica.

Si queremos cambiar al País, a la sociedad, a las comunidades, a la familia, hay que cambiar el modelo. Hay que disminuir la retórica y privilegiar el hacer.

El cambio del mundo comienza cuando cambiemos nosotros.

Si aplicamos estos conceptos a la enseñanza de la Biblia con seguridad vamos a cambiar al mundo porque los estudiantes serán transformados con lo que los maestros les guían a poner en práctica.

Y este es el énfasis que corre a través de la Sagrada Escritura. En los tiempos de Moisés, cuando Israel peregrinaba por el desierto rumbo a la tierra prometida, esto es lo que se le instruyó:

1 Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; 2 para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. 3 Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres. Deuteronomio 6:1-3.

Lo que hace falta que los hijos de Dios ejerciten.

Fuente:

UNA EDUCACIÓN QUE TRANSFORMA

El riesgo de enseñar y aprender el Evangelio de forma correcta es la transformación social y, sobre todo, el goce pleno de la libertad en Cristo Jesús.

Partamos de la definición de educar.

Es la actividad que consiste en transmitir determinados conocimientos y patrones de comportamiento con el fin de garantizar la continuidad de la cultura de la sociedad.

La palabra educar se origina del latín ducere que significa “guiar o conducir” en el conocimiento.

  • Educar consiste en enseñar a temprana edad valores, conocimientos, costumbres y formas de actuar, que permiten a un individuo vivir en sociedad.
  • También, educar consiste en estimular, desenvolver y orientar aptitudes del individuo, de acuerdo con las ideas de una sociedad determinada.

Quiere decir, entonces, que cualquier programa de educación debe tomar en cuenta la cultura de los educandos y, en el caso de la educación religiosa, debe tomar en cuenta la cultura religiosa de los participantes.

Diferencia entre educar y formar.

En general se usan indistintamente los términos formar y educar pero ambos poseen una diferencia.

Formar, es de origen latín “formare”, es dedicarse a crear habilidades o virtudes que no poseía el individuo. En cambio, educar es guiar u orientar a un individuo para desarrollar facultades intelectuales y morales.

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Un buen maestro es un buen educador y formador. Es un buen educador, cuando transmite al individuo conocimientos o valores y, es un buen formador, cuando logra modelar a una persona en determinadas habilidades tanto de su campo profesional como personal.

Metas y Propósitos de la Educación Cristiana.

 Desde los inicios de la civilización la educación ha desempeñado un papel dominante en la construcción social. Las sociedades la han utilizado como herramienta para transmitir o transformar la cultura; así como enseñar los patrones de conductas aceptables, inculcar conocimiento, valores, destrezas y actitudes, por medio de instituciones que han sido creadas con ese fin. Al comienzo del tercer milenio continúa el mismo fenómeno social.

La educación cristiana no excluye estas intenciones sociales, pero va más allá porque está ligada a la formación integral del creyente, a la instrucción doctrinal y al crecimiento espiritual del ser humano, para que se manifieste una fe comunitaria que transforme, a su vez, a la sociedad. Esto es el discipulado. El discipulado evangélico hace al educando consciente del amor de Dios. Esta verdad teológica le conduce a experimentar la cercanía del prójimo a través del amor y de la solidaridad social.

Una iglesia saludable es una iglesia que educa a la luz de las Sagradas Escrituras. Consecuente a esta intención, la iglesia invierte sus mejores recursos y esfuerzos para alcanzar esta hermosa aspiración.

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El riesgo de enseñar y aprender el Evangelio de forma correcta es la transformación social y, sobre todo, el goce pleno de la libertad en Cristo Jesús.

Cuando se entiende que el papel de la educación cristiana pone mayor interés en la formación del carácter del creyente que en ganar miembros, estamos obligados a comprender el concepto. Para entender el significado de educación cristiana tomaré prestado la siguiente definición esbozada por el Dr. Robert Pazmiño (2002).

La educación cristiana es el esfuerzo divino-humano deliberado, sistemático y continuo de comunicar o apropiarse del conocimiento, valores, actitudes, habilidades, sensibilidad y el comportamiento que constituye o son consistentes con la fe cristiana.

Así entendida, la educación cristiana:

Propicia el cambio, la renovación de personas, grupos y estructuras (la Iglesia) con el poder del Espíritu Santo para conformarse a la verdad revelada de Dios en su Palabra, es decir en la persona de Jesucristo.

Meta de la educación cristiana.

El pensamiento de Pablo ofrece una dirección clara acerca de las metas de la educación cristiana. Revisemos dos textos de la tradición paulina:

Romanos 12:1-2, Pablo en este texto nos presenta los siguientes principios pedagógicos:

  • La vida cristiana debe ser vivida para Dios. Una existencia que honra a Dios se sostiene en el amor, la obediencia, la humildad y el compromiso por el bienestar común; a su vez, descarta los valores mundanos que acentúan el odio, la arrogancia y la intolerancia.
  • La intervención del Espíritu de Dios provoca en las personas cambios en la manera de ser y de pensar. Así, pues, la transformación o la metamorfosis es más que un simple cambio exterior. Más bien, el apóstol hace alusión al cambio interior del ser humano provocado por el encuentro con Dios.
  • Ambas, la vida para Dios y la metamorfosis interna, son las vías más seguras para conocer lo que Dios quiere.

Efesios 4:12-13 al redactar la epístola a los Efesios, pone de manifiesto las metas de la educación cristiana. El producto de la pedagogía cristiana debe suscitar:

  • El perfeccionamiento de los santos para la obra del ministerio,
  • La edificación del cuerpo de Cristo,
  • La unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios.

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Principios rectores de la educación cristiana.

Vamos a establecer tres principios rectores que sustenten la comprensión de la función de la educación cristiana:

  1. Todo participante de la escuela bíblica tiene derecho a una educación integral, innovadora y auténtica que propenda al pleno desarrollo y respeto de sus capacidades psicológicas, motoras, emocionales, morales y espirituales.
  2. La educación cristiana encuentra su raíz en la revelación de Dios, centrada en la persona de Jesucristo y su enseñanza acerca del Reino de Dios, consecuente con el testimonio de las Sagradas Escrituras, y la iluminación del Espíritu Santo.
  3. Los esfuerzos curriculares y metodológicos, el proceso que se da en las aulas, debe motivar, inspirar y ser fuente que haga brotar la alegría del Evangelio. En ocasiones, en las aulas de clases bíblicas predomina un clima educativo lúgubre, en lugar de la alegría por aprender.

Más sencillo, una educación cristiana auténtica tiene lugar cuando se es consciente:

  1. Del respeto hacia la dignidad del ser humano;
  2. De la acción Divina en la pedagogía cristiana;
  3. De fomentar la alegría y el disfrute del Santo Evangelio.

Propósitos de la Educación Cristiana.

¿Cuáles deben ser los caminos por los que debe transitar la educación cristiana, por ende la escuela bíblica?, ¿Hacia cuál dirección nos debemos mover?, ¿Cuáles son los elementos distintivos de la educación cristiana y de la escuela bíblica que nos guían en el desarrollo del creyente? Se plantea que la educación cristiana tiene cinco propósitos fundamentales:

  • Educar para afirmar los valores del reino de Dios.
  • Educar para nutrir la fe.
  • Educar para servir.
  • Educar para vivir la libertad.
  • Educar para vivir y disfrutar la alegría del Evangelio en comunidad.

 Exploremos cada una de estos enunciaciados con un poco de detenimiento.

Educar para afirmar los valores del reino de Dios:

Tanto la persona de Jesús como su enseñanza acerca de los valores del Reino de los Cielos son objetos de estudio en la educación cristiana. O sea son su contenido. Pero, ¿Qué significa el Reino de Dios?, ¿Cuál es su alcance?, ¿Qué implicaciones tiene para la vida de cada creyente?

El Reino, centro del contenido de la predicación de Jesús, simboliza la presencia activa de Dios y su poder sobre, en y al final de la historia. El Reino transforma las circunstancias y trae esperanza para el corazón abatido y cansado. El Reino de Dios, con su llegada proclama el fin del dominio de Satanás y de los poderes del pecado y de la muerte sobre los seres humanos.

Una iglesia que crece saludablemente enseña a sus miembros a encarnar los valores del reino de Dios en cada acto personal y en cada gesto de afirmación comunitaria. Esto es lo que Efesios afirma con la expresión, “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”. Esta perfección se realiza al imitar el modelo de Jesús y en la confesión de la iglesia que le declara Señor y Cristo. 

Educar para nutrir la fe.

La educación cristiana auténtica promueve la vida en la fe cristiana. Llegar al conocimiento del Hijo de Dios, Efesios 4:13, o conocer lo que Dios quiere, Romanos 12:2, se aprende, se enseña.

El mejor escenario para que ocurra el crecimiento espiritual de la iglesia es la escuela bíblica. Los elementos distintivos de esa enseñanza germinan en un proceso de formación. Produce la creencia, la convicción y el entendimiento de la obra de Dios. Ella ilumina y robustece la confianza en Dios.

El estudio de las Sagradas Escrituras nutre la fe, la hace fuerte a tal magnitud que nos da las herramientas para enfrentar las pseudas-enseñanzas religiosas que denigran y laceran la dignidad del ser humano. Una fe bien nutrida abraza la confianza, que descansa en la fidelidad de Dios y en la gracia de su poder salvador, alumbrando el camino para hacer su voluntad, la plenitud del reino en medio nuestro.

Educar para servir.

Una de las características de suma importancia, desde la que debe enfocarse la educación es la del servicio. Educar a todo ser humano para servir es la base para que disfrutemos de una sociedad de justicia y de fraternidad. Qué verdadera e importante es la célebre frase: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

En la cultura actual se resalta la importancia de estimular a los educandos, especialmente a niños, adolescentes y jóvenes, a desarrollar un fuerte protagonismo, a alcanzar el éxito, a lograr su propia realización. Pero esto debe ir siempre bien complementado con el estímulo a desarrollar un protagonismo comunitario, a lograr un éxito colectivo y a lograr la realización de toda la humanidad.

Se hacen trabajos y estudios de casos y de situaciones vividas en las familias que dan motivo para lamentos. Es el caso de personas mayores, que viven en el olvido, y se pasan largo tiempo en soledad; de personas enfermas y que en sus mismas familias no hay nadie que tenga tiempo para atenderlas y estar a su lado ofreciéndoles cariño; de niños a los que se les deja solos y descuidados porque molestan demasiado.

El ritmo de vida que llevamos nos deja a todos muy ocupados y cansados, y cuando nos queda un espacio libre sentimos la necesidad de dedicarlo a nosotros mismos. El pluriempleo y la multitud de actividades en que participamos crean mucho stress en nosotros y buscamos espacios para la distensión y el relajamiento. Y, ciertamente, son reacciones muy lógicas y necesarias.

Pero en la vida hay prioridades y responsabilidades que no se pueden dejar pasar por alto. Cuando los demás nos necesitan, especialmente nuestros seres cercanos, esa es nuestra primera obligación. Eso es lo primero.

Es aquí donde resaltamos la importancia de la educación para el servicio. Al niño, desde pequeño, hay que educarle a servir a los demás, como una prioridad de su vida. No puede haber ancianos abandonados, ni enfermos desatendidos, ni niños dejados al descuido, y eso aunque tengamos que renunciar a vacaciones, a fiestas u otras aspiraciones, justamente merecidas. Lo primero es lo primero.

La educación al servicio, va siempre unida a la primacía que debe tener en nuestra vida la dimensión del amor. Cuando amamos a una persona, el servicio nace como algo lógico. Cuando no hay amor, el servicio es una cruz muy pesada.

El servicio nace del amor y es su mejor expresión, pues el amor y el servicio están íntimamente unidos.

Educar para vivir la libertad.

La iglesia cristiana ha sido instituida para vivir, modelar, educar y propiciar la libertad. Esta cualidad humana se convierte en uno de los propósitos esenciales del proyecto pedagógico. Pero, sin un programa educativo sólido e integral, cuya aspiración sea el redescubrimiento de la condición de libertad, no aflora la conciencia de haber sido creado a imagen y semejanza divina. Dicha consideración etimológica debe dirigir al magisterio de la iglesia a reconocer que los procesos pedagógicos auspiciados por la educación cristiana deben fomentar escenarios educativos, en donde se propicie que el participante emplee sus funciones intelectuales con el fin de percibir, vivir y re-vivir la realidad de la libertad.

El descubrimiento del valor superior de la libertad se alcanza por medio de experiencias de aprendizajes que inspiran al educando a valorar, sentir y anhelar la plena dimensión de esta condición humana. En la educación cristiana para la libertad y transformación creativa, se diseñan y aquilatan procesos pedagógicos genuinos que inspiran a los alumnos y a las alumnas a construir utopías y a soñar con una mejor sociedad y convertirse a su vez en mejores seguidores y seguidoras de Jesús. Esto es, permanecer en Cristo Jesús.

Educar para vivir y disfrutar la alegría del Evangelio en comunidad.

Como hemos mencionado, una iglesia que crece celebra la vida y disfruta la alegría del Evangelio en comunidad.

En el evangelio de Juan, Jesús orando al Padre, pide: A los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros, Juan 17:11. De ahí que el esfuerzo constante de la educación cristiana afirma con mayor ahínco el aspecto comunitario sobre el desarrollo personal, énfasis de la educación secular.

Hay que resaltar la atención de la koinonia o el desarrollo de un currículo que enseñe a vivir en comunidad como punto inicial del ministerio educativo de la iglesia. La educadora indica que la iglesia está llamada a testificar consecuentemente su común-unidad y su común-unión. Esta comunidad es una comunidad celebrante, una comunidad que se acompaña y que disfruta la alegría del Evangelio, en especial en la Cena del Señor.

Conclusión.

Hoy es un buen día para comenzar a desarrollar la conciencia del llamado del testimonio bíblico-teológico en favor del adelanto de procesos pedagógicos más intencionales, y más cónsonos con los propósitos de Dios. Esto es, el logro de una educación cristiana que atienda integralmente las necesidades de los educandos.

Una educación cristiana que abra surcos para la conversión, para el despertar, para el volver en sí.

Una iglesia que crece educa; y, educa a la luz de la verdad de un Dios que nos ama y nos invita a la vida en comunidad, a la alegría, al amor y a la esperanza.  

Fuente:

  • Notas de Ing. Rafael Quintero G.
  • Trabajo de Dr. Juan R. Mejías Ortiz.
  • Imágenes Google.

 

EL UPERETE DE JESUCRISTO

La figura del pastor es muy conocida gracias a la inspiración del salmista quien en el Salmos 23 describe la tarea de ese trabajador del campo. David, el gran rey de Israel, como su primera faena fue precisamente cuidar un rebaño de ovejas, inspirado en sus vivencias muestra a Jehová como el pastor excelso.

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Aquello de “Jehová es mi pastor…” constituye una nota de aliento, esperanza, fe, consuelo y seguridad para una ovejita atribulada. Que seguramente David experimentó en su relación con Dios. Jesucristo, luego de su ascenso al cielo, constituye este ministerio con el objeto de tener asistentes bajo su dirección en la tarea de cuidar su rebaño

Como en noviembre algunas iglesias celebran el día del pastor, hagamos una revisión de lo que en el Nuevo Testamento se dice sobre la cualidad más importante de este ministerio constituido por Jesucristo, y por Él modelado.

¿Quién es un pastor? De acuerdo al pensamiento de Pablo es un creyente de la congregación llamado por Jesucristo para “cuidar el rebaño” y “capacitarlo”, Efesios 4:11. En este orden de ideas el pastor NO se auto postula para el ministerio, NI es constituido por la Iglesia, NI  es un gerente.

¿Cuál es el rasgo distintivo de un pastor? Leamos 1 Corintios 4:1:

Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.

Pablo expresa su perspectiva acerca de los servidores de Cristo desde su experiencia personal, por ese motivo dice “téngannos los hombres”. Usa dos expresiones significativas: “siervos”, y “administradores”.

Cuando se vierte un texto de un idioma a otro es imposible transmitir la fuerza de las ideas del original, porque las palabras traducen conceptos, más no pueden llevar consigo las emociones, los pensamientos, las ideas del autor al utilizarlas. Este es uno de esos casos.

La expresión “siervo de Jesucristo” en castellano y en nuestro contexto cultural tiene un significado lejano al que Pablo tenía cundo la usa en esta cita. En griego, la palabra utilizada por Pablo, y traducida como siervo es ὑπηρέτας, uperetas, que se conoce en castellano como “uperete”.

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¿Quién es uperete? Un remero esclavo en las galeras griegas que estaba en la parte inferior más profunda del barco amarrado al remo para impulsarlo. Era uno más en la tarea de poner en movimiento al navío. El uperete fue sustituido en los actuales barcos por los potentes motores que les permite surcar los mares.

Es decir, el uperete de Jesucristo está amarrado a su ministerio, y junto a otros esclavos como él cumplen los designios de Jesucristo.

La otra expresión usada por Pablo es “administradores”, el lector actual piensa en un “gerente”, un “ejecutivo” que lleva adelante la empresa. En griego Pablo usó οἰκονόμους, que como se ha explicado tantas veces significa el “mayordomo”, el sirviente que tiene como tarea administrar los bienes del amo en su casa; es un servidor doméstico, no empresarial.

¿Qué administra? “los misterios de Dios”, es decir: revelar, comunicar, develar la Palabra de Dios, para que las congregaciones conozcan lo que Dios tiene para ellas. Entonces el servidor de Jesucristo necesariamente debe conocer primero y en profundidad “los misterios de Dios”, su Palabra. Es un estudioso de la Palabra, fundamentalmente. Y esto hay que acentuarlo, “de la Palabra”. Aunque es valioso que estudie en los libros, producidos por prominentes hombres de Dios; tiene que ir primero a la Biblia y recibir revelación e inspiración divina, luego, si lo necesita ir a los libros. No ser teólogo “libresco”, sino un hombre inspirado por el Espíritu Santo en un encuentro diario con Jesucristo, y su Palabra.

 ¿Qué significa ser pastor? La expresión pastor es un término relacionado con la faena de cuidar rebaños, fundamentalmente de ovejas.

En el Antiguo Testamento es Jehová, Salmos 1:1; Isaías 58:11; en el Nuevo Testamento es Jesucristo, Juan 10:11; actualmente los llamados por Jesucristo, Efesios 4:11, para cumplir esa tarea: Cuidar el rebaño.

En la cita de Efesios son “pastores y maestros”, que concuerda con 1 Corintios 4:1. Hay que cuidar el rebaño y alimentarle. Las corrientes posmodernas han distorsionado en muchos el significado original de la tarea pastoral. Hoy es frecuente oír sobre prominente Apóstoles, Profetas; Evangelistas, Misioneros, Predicadores, Discipuladores, Líderes, Emprendedores, Ejecutivos; sin quitar el valioso y extraordinario aporte que ellos ofrecen a la difusión de la Palabra; detrás de las congregaciones deben estar los pastores cuidando la manada, impulsándola hacia “delicados pastos” para que se alimente, de la Palabra; llevada hacia “aguas de reposo” para que descanse; y guiada por senderos de justicia.

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Poco se ve en el Nuevo Testamento al pastor como “líder”, como “gerente”; entre las pocas veces que se alude esa función, es  en Hechos 24:5, cuando se acusa a Pablo de “cabecilla” de los nazarenos. La palabra usada por Lucas en griego es πρωτοστάτην, “protostates”, cuyo significado es líder, jefe militar, persona al mando.

 El motivo por el cual esa palabra no se usa en relación con la tarea pastoral es porque quien está al mando es Jesucristo, no los pastores.

Esa figura se ve gráficamente cuando Juan describe una visión en la que se le aparece Jesucristo, Apocalipsis 1:10-18. , en aquella visión el Señor se ve imponente. En 1:16 afirma que Jesucristo tiene en su mano “siete estrellas”, que como revela en 1:20, son los pastores de las Iglesias.

Esa imagen transmite la idea de que los pastores están sujetos a Jesucristo, actúan bajo su dirección, viven bajo su protección, y  son poderosas herramientas de trabajo.

¿Cuál es la tarea básica del pastor? Cuidar el rebaño.

El rebaño es un conjunto de ovejas que se mantienen unidas, esa cualidad de los animales permite que puedan ser conducidas con facilidad y es además su gran fortaleza porque juntas se dan calor mutuamente en los fríos días de invierno, y ofrecen mayor resistencia ante los peligrosos depredadores.

Algunos escritores afirman que los grandes rebaños eran pastoreados por varios pastores, uno de los cuales era el principal,  los demás sus asistentes. Colocado en un lugar estratégico observa la manada y da instrucciones, mediante señas a los demás pastores sobre qué hacer en un momento determinado, y advertía sobre cualquier peligro.

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Así los siervos de Jesucristo, mantienen atenta la mirada en el Gran Pastor para conducir a la manada conforme a su sabia dirección.

Dios bendiga a los pastores.

Fuente:

MISTERIOS REVELADOS DEL APOCALIPSIS

Misterios Revelados del Apocalipsis es una idea que comienza a tomar forma luego de leer y escuchar algunas reflexiones relacionadas con los tiempos del fin, cargadas de escenas de terror, y enseñanzas atemorizantes; en las que se percibe a un Dios descargando su enojo contra la humanidad.

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Ese tipo de lenguaje crea una imagen negativa de ese fascinante  libro, transmite una idea equivocada de su contenido . Al leer el libro se descubre un mensaje sorprendente, se encuentra en 1:3:

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

Palabras que encierran una gran promesa. Quienes lean, oigan las palabras del libro, y las pongan en práctica seran bienaventurados. Esto es impresionante y alentador.

La expresión bienaventurado se aplica a la persona que es feliz porque goza de la gracia Divina. Entonces el que lee, los que oyen, y quienes practican el mensaje contenido en Apocalipsis obtienen aquella promesa.

Con un conjunto de bienaventuranzas comienza Jesús el denominado Sermón de la Montaña, contenido en Mateo, y Apocalipsis está impregnado de ellas. Quiere decir que mantener cerrado este maravilloso libro, no exponerlo desde los púlpitos y dejar de enseñarlo es perderse una notable bendición, y privar a los creyentes de la misma. Con la intención de subsanar esta carencia, me dispuse a estudiar el libro en profundidad, y a revisar notas acumuladas en más de cincuenta años de servicio al Señor en calidad de pastor, y maestro de la Biblia.

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Como resultado del estudio sistemático del libro observe la sencillez del mismo, aun cuando está escrito en un lenguaje extraño para el lector occidental su interpretación está implícita en el libro; también se aprecia que se ha enfatizado aspectos secundarios de la Revelación, magnificando algunas escenas, relatos y personajes, dándoseles una notoriedad que no se les concede en el libro, ni merecen.

En Apocalipsis lo relevante es el Cordero que copa la escena; también lo es la multitud de los descendientes de Abraham restaurados, tanto como aquellas formadas por quienes han sido lavados y limpiados por la sangre del Cordero. Juntos dan honra y honor al Señor Jesucristo.

Otro aspecto destacado es que Apocalipsis transmite un mensaje de esperanza, aliento y fortaleza a una Iglesia atribulada por los distintos frentes en que batalla, que desfallece pero se mantiene firme soportando las aflicciones.

En Apocalipsis destaca igualmente el gozo de los vencedores; el libro está salpicado de explosiones de alabanzas, de música de arpas y coros celestiales.

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Contrario a estos énfasis del libro, la mayoría de autores ven una lucha cósmica entre el bien y el mal; resaltan las bestias, los truenos, las escenas de terror. Por este estilo de interpretación se usa apocalipsis como sinónimo de caos, tragedias, horror, sangre, muerte. Por lo que muchos desisten de leerlo, pero la realidad es que el escritor utiliza un lenguaje altamente simbólico para describir escenas ordinarias y cotidianas.

Animado por esta visión de esperanza, de consuelo, fortaleza y fervor con la que Juan transmite la revelación decidí escribir esta obra; consciente de que existen innumerables comentarios, estudios, y tratados de este libro escritos por renombrados autores. Excelentes en su elaboración.

Me tomé la libertad de escribir estas notas a partir de la lectura, meditación y estudio directamente del texto, la versión Reina Valera Revisada 60, con el auxilio de un Diccionario Bíblico, y una versión interlineal del Nuevo Testamento Griego-Ingles, provista por el sitio Biblia Paralela. Además de un tiempo de meditación, oración y encuentro privado con el autor para solicitar humildemente su inspiración.

Vas a encontrar en las páginas de este libro algunas interpretaciones que te van a conmover, a sorprender ya que se apartan de línea tradicional a la que estás acostumbrado. Las mismas han sido elaboradas siguiendo rigurosamente las reglas de la Hermenéutica Bíblica, el uso de sabiduría e inteligencia recomendadas en el libro por Jesucristo; y la dirección del Espíritu Santo.

Como una pequeña muestra de esto último que te digo, he aquí un ejemplo: Sabías que las palabras “arrebatar”, “arrebatamiento”, no aparecen en el libro de Apocalipsis.

En este orden de ideas cuando leas sobre el día del Señor,  los ciento cuarenta y cuatro mil, el milenio, la gran tribulación, el significado del número de la bestia, la gran ramera, las bodas del Cordero, te va a sorprender, vas a tener una perspectiva centrada en el texto. 

Has leído, y escuchado el sinnúmero de comentarios, interpretaciones, y explicaciones del famoso 666; ese número del cual se ha tejido una madeja de prejuicios, no tiene la relevancia que se le ha dado; es una sencilla explicación de la naturaleza del Anticristo. Por cierto, ¿Sabes que ese número no aparece en la Apocalipsis? En griego no se usaban números arábigos, sino letras. Juan no escribió 666, sino “seiscientos sesenta y seis”. Los teólogos “occidentalizaron” la expresión y  construyeron un conjunto de explicaciones partiendo de una errada interpretación del texto.

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Este número así escrito no aparece en Apocalipsis.

En ese mismo orden de ideas la mayoría de intérpretes y eruditos afirman, unos que el Anticristo es un Papa, o el papado, de la Iglesia Católica; otros que es un emperador del Imperio Romano. Ambos interpretan erradamente el texto. La correcta interpretación de Apocalipsis 13:11 niega las posibilidades anteriores, e identifica la verdadera naturaleza de ese famoso personaje.

También se te ha dicho que la Iglesia es la “esposa del Cordero”, alguien hizo esa afirmación, y los demás repiten esa imagen, sin base bíblica. Apocalipsis corrige esa inadecuada interpretación, y muestra la verdad.

En el libro se discute lo relacionado con la construcción del Tercer Templo en Jerusalén y las implicaciones de ese hecho.

¿Sabes cuál es la abominación desoladora? En Apocalipsis se muestra nítidamente.

¿Has notado que de la infinita cantidad de números que provee la matemática, en Apocalipsis aparecen solo números simbólicos? El más frecuente es el siete, le sigue el cuatro, el seis, el diez, el doce, el ciento cuarenta y cuatro.

¿Sabes quién es la gran ramera? No es la Iglesia Católica como se ta ha dicho, en el libro descubrirás la identidad de esa famosa mujer.

En MISTERIOS REVELADOS DEL APOCALIPSIS vas a descubrir verdades reveladas por Jesucristo que no vas a encontrar en muchos libros. Te animo que estudiemos Apocalipsis para que corrijas algunas erradas interpretaciones del libro, y seas bienaventurado.

El libro MISTERIOS REVELADOS DEL APOCALIPSIS, será publicado en formato digital en el mes de noviembre del corriente año 2016, adquiérelo y disfruta su lectura.

Fuente:

  • Biblia: Versión RVR60, tomada de biblegateway.org
  • Notas personales
  • Imágenes: Google

 

¿FUE ABRAHAM JUDÍO?

Formulamos esta pregunta para analizar algunos aspectos de la Historia Bíblica tocantes a Abraham, su descendencia, el Plan de Dios para Israel, y de la religión judía. Para responderla revisemos qué es el judaísmo y cuál es su historia.

El Patriarca y su trascendencia.

Abraham aparece temprano en el relato bíblico, como un instrumento divino para propiciar la restauración del hombre y de la totalidad de la creación, caída como consecuencia de la desobediencia de Adán, relatada en Génesis capítulo tres. ¿Para qué llama Dios a Abraham? Lo hace para bendecir a las naciones de la tierra a través de su simiente, Génesis 22:18.

En su llamado Dios define la misión y trascendencia de este Patriarca, a través de un Pacto, Génesis 12:1-3:

1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

El Pacto con Abraham contiene tres promesas fundamentales:

  1. Poseer un territorio, para siempre,
  2. Su descendencia constituirá una gran nación que será bendita,
  3. A través de sus descendientes serán benditas todas las familias de la tierra.

Este Pacto posteriormente se perfecciona, y se renueva en diferentes épocas:

Con Jacob, el gran Patriarca:

10 Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. 11 También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. 12 La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu descendencia después de ti daré la tierra. Génesis 35:10-12:

Con Israel en Sinaí:

3 Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: 4 Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. 5 Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Éxodo 19:3-6.

Con David, el gran rey de Israel:

12 Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. 13 El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. 14 Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; 15 pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. 16 Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. 2 Samuel 7:12-16.

Con Salomón, el rey sabio:

3 Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tú ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días. 4 Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, 5 yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel. 1 Reyes 9:3-5.

Israel rompe el Pacto:

9 Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre los varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén. 10 Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres. 11 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré.

En estas condiciones Israel va al exilio babilónico, y retorna a Jerusalén luego de setenta años de cautiverio, reconstruyen la ciudad, el muro y el templo, pero aquel Pacto con Jehová no es renovado. Lo que traen del cautiverio es una devoción inspirada en la tradición, la Tora, que gira alrededor de la Sinagoga, que posteriormente toma cuerpo como el judaísmo.

¿Qué es el judaísmo? La expresión judaísmo se refiere a la religión, la tradición y la cultura del actual pueblo de Israel. Su práctica se basa en las enseñanzas de la Torá, también llamada Pentateuco, los cinco libros de Moisés, contenidos en la Tanaj.

El rasgo principal de la fe judía es la creencia en un Dios omnisciente, omnipotente y providente, creador del universo, que eligió a los israelitas para revelarles la ley contenida en los Diez Mandamientos, y las prescripciones rituales de los libros tercero y cuarto de la Torá. Las normas contenidas en tales textos y en la tradición oral constituyen la guía de vida de los judíos. Una característica del judaísmo, que lo diferencia de las otras religiones monoteístas, radica en que se considera no solo como una religión, sino también como una tradición, una cultura y una nacionalidad.

Los judíos no aceptaron a Jesucristo como el Mesías prometido, ni lo aceptan aun. Juan 1:11:

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

¿Cuándo nace el judaísmo? El judaísmo nace en el exilio babilónico. En el año 586 antes de Cristo el reino de Judá, del sur, fue conquistado por los babilonios, con Nabucodonosor II como rey. En ese año se destruye el primer templo, lugar central de la actividad religiosa de la época. Gran parte de la población es desterrada y llevada como esclava a Babilonia, actual Irak, 2 Reyes 25:1-22.

Durante el exilio en Babilonia, los desterrados del Reino de Judá escriben lo que se conoce como el “Talmud de Babilonia”, mientras que quienes permanecen Judea escriben el “Talmud de Jerusalén”. Estos dos manuscritos representan las primeras manifestaciones de la Torá en forma escrita. En el cautiverio nace la Sinagoga, un lugar donde se reúnen los cautivos para oración, culto a Jehová y estudios de Torá. Igualmente nace la tradición oral, que se convierte en el Talmud.

La caída de Babilonia bajo los persas permite a los cautivos retornar a su tierra natal luego de 70 años en el exilio; trayendo consigo la naciente religión judía que practica el Talmud, la Torá, y se reúne en Sinagogas. A su regreso construyen el Segundo Templo y se desarrolla el judaísmo como religión. Libros de Esdras y Nehemías.

¿Quienes son judíos? ¿Son judíos los descendientes de Abraham hasta el retorno del  cautiverio babilónico? Hasta la época de Esdras, Nehemías, y el último profeta de Israel, Malaquías. No lo fueron. ¿Por qué? La expresión judío se puede usar para dos casos: Como gentilicio, y como religión.

Como gentilicio es  aplicable solo a los descendientes de la tribu de Judá; igual como se denomina a los descendientes de Leví, levitas, del cual Moisés es un famoso representante; y así a los descendientes de los demás Patriarcas. Como religión, cultura, o nacionalidad a los que practican la religión judía desde el retorno de la cautividad hasta los actuales habitantes de Israel, o a quienes lo adopten como su religión. Es decir, en los tiempos del Antiguo Testamento no existía una cultura, tradición, o una religión “judía”.

¿Cómo se denominan los descendientes de Abraham en la Biblia? Desde el llamado a Abraham hasta el cautiverio egipcio a los descendientes del Patriarca se les menciona como “hebreos”; en el proceso de liberación se les comienza a llamar “mi pueblo”, o  “pueblo de Dios”, aunque hebreo se usa algunas veces en la Biblia para referirse a Israel, Éxodo 9:1:

Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.

 Desde el llamado a Moisés en el desierto, y durante la travesía hacia la tierra prometida, se les llama Pueblo de Dios:

Y Moisés, con los sacerdotes levitas, habló a todo Israel, diciendo: Guarda silencio y escucha, oh Israel; hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios. Deuteronomio 27:9.

También se les denomina “hijos de Israel”:

Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia: Éxodo 1:1.

O simplemente Israel, nombre que es favorito entre los profetas.

El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. Isaías 1:3.

Durante la Monarquía Hebrea son llamados “Reino de Israel”:

Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable, 1 Samuel 24:10.

Luego de la división de la Monarquía Hebrea en dos reinos; al reino del norte se le denomina Reino de Israel, y al reino del sur, Reino de Judá:

19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy. 20 Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá. 21 Y cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra a la casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón.

El reino de Israel, Samaria, es tomado por Asiria y llevado cautivo, 2 Reyes 17:6. Es disperso y jamás regresa  su territorio, 2 Reyes 17:24. Da lugar a lo que se denomina las 10 Tribus perdidas de Israel.

El Reino de Judá es destruido, tanto como el Templo, la ciudad de Jerusalén y sus muros, y va al cautiverio babilónico, 2 Reyes 25:8-11. Durante esta época de cautiverio nace el judaísmo, una estrategia para preservar la devoción a Dios, la cultura, la tradición. En el retorno propiciado por Ciro, 2 Crónicas 36:22-23, el pueblo trae consigo al judaísmo, a la Sinagoga, la tradición, y las sectas imperantes en los tiempos de Jesús.

¿Qué religión practicó Israel hasta el cautiverio babilónico?

Antes de Sinaí, el culto se desarrolló alrededor de la fe de Abraham, cuyo elemento central es el Pacto. Dicho Pacto contiene la promesa de hacer de la descendencia de Abraham un gran pueblo, bendecir a través de ellos a todas las naciones, y concederles un territorio para habitación del pueblo.

En la cumbre del Monte Sinaí, Dios entregó a Moisés la Ley.

Posterior a Sinaí, se practicó la devoción a Jehová inspirada en la Torá, Pentateuco, a través del culto que se le rinde primero en el Tabernáculo, posteriormente en el Templo. Como sabemos el culto a Dios se organizó cumpliendo la ley de Moisés en lo legal y civil; y en los ritos en el Templo, en los que los sacrificios son elementos centrales. Con la destrucción del Templo se disfuma el culto a Jehová. Por eso echan mano a la cultura, a la tradición, a la devoción de sus ancestros para no perder su identidad en el exilio.

Es incorrecto afirmar que Abraham, y todos sus descendientes hasta el cautiverio son judíos. Tan solo podían ostentar tal designación, los descendientes de la tribu de Judá.

A Abraham se le llama “hebreo”, una forma de identificarle por su origen, “del otro lado del rio”, el Éufrates, para significar que provenía de Ur, región ubicada en la actual Irak. Por cierto el Patriarca era tan “gentil” como cualquier persona que hoy no sea israelita, o judío. En aquel momento de su llamado, este gentil estaba destinado a ser Padre de la Fe, y Padre de una gran nación, Israel.

¿Para qué Dios llamó a Abraham? Para bendecir a todas las naciones de la tierra a través de su simiente, Génesis 22:18.

En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

¿Cómo bendeciría Dios a todas las naciones a través de la simiente de Abraham? Reconciliando al hombre con Dios por medio del sacrificio de un cordero que quita el pecado del mundo. Ese acto es central en el esquema de la Ley de Moisés.

¿Cumplió Israel el propósito divino? Lo hizo al crear las condiciones para el nacimiento de Jesucristo, quien es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

¿Fue Jesús judío? Jesús fue judío en el sentido de que es descendiente de la tribu de Judá, y que nace en medio de la cultura y tradición judía de su época. Pero Jesús no practicó la religión judía nacida en el exilio.

Jesús fue un devoto practicante de la Ley de Moisés, y de las enseñanzas generales de la Tanaj, Antiguo Testamento. Un análisis de las controversias con las autoridades de la época revela que Jesús se apegó al cumplimiento de la Ley de Moisés, pero desechó la tradición oral, convertida en el Talmud. Es decir, Jesús practicó la misma devoción que los israelitas practicaron hasta que fueron al exilio babilónico.

¿Es heredero el cristianismo de la religión judía? No. La fe de Cristo está enraizada en las enseñanzas, promesas y profecías del Antiguo Testamento; y en la devoción a Jehová de los israelitas antes de ir al cautiverio.

¿Fueron los discípulos de Cristo judíos? Ellos practicaron el judaísmo como todo israelita de aquella época, sin embargo al convertirse en discípulos de Jesucristo rompieron con aquella religión. El caso de Pablo es emblemático, tras el encuentro con Jesús camino a Damasco se convierte en seguidor de Jesucristo hasta el punto de decir “Cristo vive en mí…”, Gálatas 2:20.

¿Tiene validez entre los cristianos el Antiguo Testamento? Totalmente. Desconocer el Antiguo Testamento es invalidar las bases de la fe en Cristo. Es más un conocimiento profundo de las doctrinas, teología e historia del Antiguo Testamento facilita la comprensión de la obra redentora de Jesucristo, y del Nuevo Testamento en general.

Los cristianos no somos descendientes de Abraham genéticamente, mas somos herederos del Pacto, y de su fe. Dios hizo un Pacto con Abraham cuyo objetivo no se cumple plenamente con el nacimiento de Israel como Nación, sino trasciende a Jesucristo, la simiente de Abram por quien alcanzamos la bendición.

¿Por qué los cristianos afirman el establecimiento de un Nuevo Pacto? Porque el Primer Pacto establecido con Abraham y su descendencia se cumplió ya completamente, lo cual se evidencia en los siguientes hechos:

El Pacto con Abraham contenía tres promesas fundamentales:

  1. Poseer un territorio para siempre, promesa cumplida,
  2. Su descendencia constituirá una gran nación que será bendita, promesa cumplida en Israel
  3. A través de sus descendientes serán benditas todas las familias de la tierra, promesa cumplida en Jesucristo.

Cumplido el Primer Pacto, se hace necesario un Nuevo Pacto, que es eterno, propuesto por Jesús momentos antes de ser sacrificado, en el marco de la Cena Pascual:

26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Este Nuevo Pacto, que conmemoramos permanentemente en el acto de la Cena del Señor, se fundamenta en el hecho de que la muerte, y resurrección, de Cristo es para “remisión de los pecados” de todo aquel que en Él cree y le recibe. Él fue sacrificado como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, Juan 1:29.

Todo esto comenzó con el llamado a Abraham para constituir de su simiente una Nación que bendeciría a todas las familias de la tierra.

Bendito sea el Dios de Israel.

Fuente:

  • Biblia, Versión RVR60: Tomada de www.biblegateway.com,
  • Wikipedia,
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google.

¿ERES CRISTIANO, O DISCÍPULO DE CRISTO?

Hay momentos en la vida en los que se precisa una comprensión clara acerca de la identidad personal, una definición de ¿Quién soy Yo? Los expertos en conducta humana lo definen como autoconciencia, o conciencia de sí mismo, y se refiere a los tres famosos “autos”: autoimagen, autoconcepto, y autoestima.

Sobre estos tres autos, la Biblia tiene algo que decirte.

  • Autoimagen, lo que tú piensas que eres, la Biblia afirma que eres imagen de Dios, Génesis 1:26-27,
  • Autoconcepto, lo que tú sabes que eres, eres la “corona” de la creación, el señor de la creación de Dios, Salmos 8:5-8,
  • Autoestima, el valor que tienes de ti mismo, amor propio, Romanos 12:3; Mateo 22:39.

Se ha escrito abundantemente sobre tal asunto, porque una conciencia errada de sí, crea muchas distorsiones a la hora de actuar, o de desarrollar un proyecto de vida; debido a que en ocasiones usamos erradamente el verbo ser.

Observa la siguiente afirmación: “Soy carpintero”. Relee la frase, observa el verbo utilizado.

Hay un error conceptual. Soy es el presente del verbo ser. Como sabes, y así lo establece el diccionario, el verbo ser se refiere a la “esencia”, “naturaleza” del sujeto. Nadie es carpintero “en esencia”, ni “por su naturaleza”, sino por haber aprendido el oficio. No se nace carpintero. Lo correcto es afirmar “Me ocupo, o trabajo” como carpintero. Es que cuando el carpintero deja la carpintería se “ocupa” o “asume el rol” de padre, esposo, hijo, amigo, cantante. Carpintero no es la esencia del sujeto, sino un rol, una ocupación, un trabajo.

Este mismo razonamiento vale para cualquier otro “yo soy”, cuando se usa erradamente para referirse a un rol, oficio, ocupación, cualidad, o tarea. Si una persona afirma “soy tímida”, lo que en realidad está afirmando es que en ciertas circunstancias actúa tímidamente, no siempre. Afirmar “eres un mentiroso” transmite la idea de que el aludido siempre dice mentiras, lo cual no es cierto. Si la expresión es dirigida a un niño, se le está programando inconscientemente a que “siempre diga mentiras”.

Y si la persona expresa: Soy niño. En este caso se refiere a la naturaleza, esencia del hombre, quien temporalmente vive la etapa de la niñez, y que continuara en las subsiguientes con la misma naturaleza sexual.

Dicho todo esto, vamos a referirnos a la pregunta que sirve de tema a este escrito: ¿Eres cristiano o Discípulo de Cristo?

La expresión “cristiano” se usa en la actualidad como un adjetivo que se refiere a una cualidad personal, la de creer en Jesucristo; profesar la religión cristiana. Esta expresión no es muy popular en el Nuevo Testamento para referirse a los seguidores de Jesucristo; es utilizada solo  tres veces: Hechos 11:26; Hechos 26:28, y 1 Pedro 4:16.

La primera cita, Hechos 11:26, afirma que los seguidores de Jesucristo fueron llamados “Cristianos” por primera vez en Antioquía, debido a que en su comportamiento, actividad y forma de hablar fueron como los de Cristo. Originalmente este término se utilizó por la gente de Antioquía como un apodo despectivo, una forma de  burlarse de los cristianos. Literalmente significa “perteneciente al partido de Cristo” o “partidario o seguidor de Cristo.

26 Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía, Hechos 11:26.

¿A cuales discípulos se llamó cristianos por priemra vez? A quienes fueron esparcidos por causa de la muerte de Esteban, que llegaron a Antioquía hablando y anunciando el evangelio de Cristo, de modo que gran número creyó y se convirtió al Señor, Hechos 11:19-21.

La segunda cita, Hechos 26:28, refiere el momento de la defensa de Pablo ante el rey Agripa, quien luego de escuchar el testimonio del Apóstol y recibir el desafío a creer en Jesús, manifiesta que “casi le convence a convertirse en cristiano”.

26 Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. 27 ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.28 Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano, Hechos 26:28.

La última referencia, 1 Pedro 4:16,  es de la pluma del Apóstol Pedro al exhortar a los lectores a padecer como “seguidores de Cristo” y no como malhechores.

16 pero si alguno padece como cristiano, no se averg:uence, sino glorifique a Dios por ello. 1 Pedro 4:16.

Para los autores del Nuevo Testamento, ser cristiano no era “un rol”, sino su esencia, su naturaleza, lo cual se evidencia en la frase de Pablo, en Gálatas 2:20:

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

O, era la meta, el ideal, “ser como Cristo”, como el mismo Pablo refiere en Filipenses 3:13-14:

13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Y, en general, es la razón de ser de la Iglesia, que todos los creyentes lleguen a ser como Cristo, Efesios 4:11-13:

11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

La meta de los seguidores de Jesucristo en el primer siglo es “ser como Cristo”. No como un rol, como una ocupación, sino como la esencia y naturaleza de la vida cristiana. “Vivir” como Cristo, “padecer” como Cristo, “sufrir” como Cristo constituyó la visión y misión de cada creyente.  

Cuando en Antioquía se llamó por primera vez “cristianos” a los “discípulos”, las expresiones son equivalentes, significan lo mismo: Un cristiano es un discípulo de Jesucristo; o, un discípulo de Jesucristo es un cristiano. En la mente de los antioqueños un discípulo de Jesucristo es una persona que “vive” como Jesucristo, por lo cual “es” cristiano.

Desafortunadamente con el paso del tiempo, la palabra “Cristiano” ha perdido mucho de su significado original y es utilizada para describir a alguien que tiene altos valores morales, que practica la religión cristiana; o simplemente alguien que cree en Jesucristo.

Es necesario rescatar la esencia de la expresión “cristiano”. Para ello necesitamos volver a la Biblia y extraer de ella las bases, los fundamentos de la vida cristiana. Una forma muy sencilla es revisar lo que el Nuevo Testamento tiene que decir al respecto. Veamos:

En el Nuevo Testamento la expresión que caracteriza a los seguidores de Jesucristo es “discípulo”; dicha palabra aparece 258 veces (En la versión  RVR60, según la página digital BibleGateway), siempre  referida a alguien que sigue a un maestro, aprende de él, y practica sus enseñanzas.

Cristo lo expresa de esta manera:

23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Lucas 9:23.

Un discípulo es una persona que recibe enseñanzas de un maestro. Es la persona que sigue y defiende las ideas, doctrinas y métodos de un maestro. Para que exista un discípulo es necesaria la figura de un maestro. El maestro le inculca a su discípulo una determinada doctrina, línea de pensamiento, o estilo de vida intentando guiarlo en su crecimiento. Esta enseñanza puede hacerse de forma directa: interactuando cara a cara con el discípulo, enseñándole, capacitándole en la actividad, arte, oficio, o estilo de vida; o indirectamente, a través de sus obras, como puede ser alguien que haya nacido en otra época y que intente seguir sus pasos, emulando su estilo de vida, o su obra.

Por ello Jesucristo comisionó a sus seguidores para “hacer” discípulos, Mateo 28:19-20, una clase particular de discípulo, uno que “guarde” las cosas que Él les enseñó; que practique el estilo de vida que durante tres años modeló, y les inculcó. Un discípulo que “sea” como su maestro, Cristo.

Pablo lo describe de esta manera en 2 Timoteo 2:1-2:

1 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

El modelo discipular de Jesús es:

El discípulo es llamado a seguirle, Marcos 1:17; 3:13; aprende del Maestro directamente, Mateo 11:29; y es comisionado para “hacer” más discípulos, Mateo 28:19-20.

El desafío es “ser” discípulo de Jesucristo, para ello hay que ser enseñado, dirigido, moldeado, capacitado por Jesucristo mismo, a través del estudio y práctica de la Palabra, la meditación y la oración. En el proceso interviene un “discipulador” quien actúa para facilitar la comprensión y adopción de las disciplinas; también se usa libros o guías para el discipulado cuyo objeto es  dirigir al aprendiz a que sea un verdadero discípulo de Cristo. Pero hay que reiterar: El texto básico del discípulo es la Palabra de Dios.

Es bueno enfatizar que discípulo no es un rol, ni un título, la expresión se refiere a alguien cuyo estilo de vida es similar al de Jesucristo.

Si crees en Cristo, conviértete en un discípulo suyo, veras como cambia tu vida.

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Filipense 1:21

La meta del discípulado cristiano es ser como Cristo: un Cristiano.

Fuente:

  • Biblia: Versión RVR60, tomada de wwbiblegateway.com,
  • Conceptos y definiciones: Wikipedia,
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google.

LO QUE DICE LA BIBLIA SOBRE LA ADORACIÓN

La adoración es un aspecto inherente a la naturaleza humana.

Cuando los conquistadores españoles arribaron a las costas del nuevo mundo al mando del almirante Cristóbal Colón, encontraron poblaciones aborígenes con una cultura altamente desarrollada, y religiones que adoraban diversos dioses.

Los incas adoraban a Viracocha, un dios que según los mitos, surgió de las aguas, y creó el cielo y la tierra. Los mayas adoraron a Kukulkán, serpiente emplumada, dios de las tempestades. Creó vida por medio del agua y enseñó a los hombres a producir fuego. Aún quedan restos de templos, pirámides y monumentos erigidos para rendir culto a aquellos dioses.

Imagen de Kukulkán, la serpiente emplumada, dios maya.

Asumiendo que el nuevo mundo estaba desconectado del resto de los continentes, es de suponer que aquellos cultos son autóctonos, producto del carácter espiritual del hombre.

Por la historia sabemos que todas las culturas ancestrales dejaron rastros de sus religiones y de los cultos a sus dioses. Para los sumerios, que observaban el cielo y conocían los ciclos de los eclipses lunares, sus dioses estaban allá arriba. Diferenciaban aquellos menores, los “igigi” o “vigilantes”, de los que se movían de forma distinta por la eclíptica, los planetas. Así, la diosa Inanna, del amor y la guerra, Ishtar para los acadios, era Venus. Por su parte la Luna era Nannar, hijo de Enlil y así sucesivamente con otros astros que habían comprendido eran “especiales”.

Los textos más antiguos de la civilización sumeria, miles de tablillas narran la vida obra y milagro de los primeros dioses que, en número de seiscientos, llegaron a la Tierra hace miles de años, cuando aún el hombre no existía. La leyenda sumeria dice que existe un planeta más en nuestro sistema solar, llamado Niburu, que tiene una órbita elíptica similar a la de un cometa y que tarda 3600 años en dar una vuelta completa alrededor del sol.

Tablilla en que se reproduce a Ishtar, diosa de los acadios, asociada al planeta Venus.

Muchos sistemas religiosos actuales se fundamentan en los mitos sumerios.

¿Por qué el hombre intuitivamente adora dioses? ¿Qué mueve al hombre a buscar a un dios a través de las religiones?

La Biblia revela aquellos por qué.

Génesis 1:26-27, afirma que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza:

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Esto explica por qué el hombre busca a Dios, porque posee su imagen; motivo por el cual se afirma que la espiritualidad y la búsqueda de Dios a través de una religión son inherentes a la naturaleza humana.

Pablo lo manifiesta en Romanos 2:14-15.

“14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,”

El hombre tiene una “ley escrita en sus corazones”, la imagen de Dios, que le impulsa a un comportamiento “natural” que es congruente con la “ley escrita”, el Pentateuco. En eso se basa el trato de Dios a quienes nunca oyeron de Él, serán juzgados en función de su “conciencia” que les guía a un comportamiento ético “humano”, conforme a la imagen de Dios.

En los creyentes en Jesucristo este impulso natural es potenciado y canalizado por el Espíritu Santo para una adoración en “espíritu y en verdad”, Juan 4:24.

¿Qué es adoración según la Biblia?

La adoración en la Biblia se asocia a “reverencia”, “sumisión”, por lo que el gesto de postrarse, en la cultura oriental, y en el mundo hebreo, transmite el espíritu de adorar.

6 Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. 7 Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Salmos 95:6-7.

Igualmente se refiere a la “obediencia”, tal y como Samuel le comunica a Saúl:

22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 1 Samuel 15:22.

Esta cita es muy significativa, pues como sabemos el sistema de la Ley, o Pentateuco, demandaba ofrecer sacrificios y holocaustos. Samuel da prioridad a la obediencia sobre cualquier sacrificio u ofrenda que se quiera ofrecer a Dios como muestra de gratitud.

El profeta Miqueas pone acento en tres virtudes, cuando de adorar a Dios se trata:

6 ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? 7 ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? 8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Miqueas 6:6-8.

Nuevamente la Palabra desafía al creyente a una adoración que agrada a Dios, el ejercicio de tres virtudes: “hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”

Si unimos las tres citas, extraemos una síntesis de lo que hay que hacer para una adoración que agrade a Dios:

  • Ser reverente, sumiso, Salmos 95:6-7,
  • Obedecer, 1 Samuel 15:22,
  • Hacer justicia, amar misericordia, y humillarse ante Dios, Miqueas 6:6-7.

En la actualidad algunas Iglesias influenciadas por la cultura posmoderna, ordenan grupos de “adoración” que cantan, tocan instrumentos, danzan, izan banderas y pañoletas, entre otras coreografías. Estrictamente hablando esos son grupos de “alabanza”, que es un aspecto del culto a Dios. Esos grupos son de adoración siempre que cumplan los requisitos contemplados en los tres textos anteriormente citados.

Por otra parte denominar a los cultos dominicales, o de cualquier otro día, “culto de adoración” constituye una forma de desvirtuar el principio bíblico de la adoración, que no se puede reducir a un día a la semana, y a los rituales de los cultos. Por esa vía el creyente dedica un día para Dios, el domingo, y el resto para ejercitar su libertad; sin que esto sea malo, ejercer la libertad, cuando no contraviene la ley divina.

La adoración se practica día tras día en todos los actos de la vida del creyente. En un quirófano, un aula de clases, un taller mecánico, en el hogar, en un tribunal, el consultorio de un médico, o simplemente en las relaciones interpersonales.

Cuando manejas cumpliendo la Ley de Tránsito, haces tu trabajo honestamente, usas balanzas calibradas con el peso exacto, dices la verdad, y amas al prójimo, estas “adorando” a Dios aun cuando ni una simple melodía pase por tu mente. Ese es el espíritu de Romanos 12:1.

Un grupo de adoración es aquel que va al hospital a visitar a los enfermos; a reparar una escuela; a una jornada de limpieza al templo; a los cultos para ofrendarse a Dios.

Y también el que los domingos, y en cualquier culto, guía la alabanza con un espíritu de “adoración”.

Fuente:

  • Datos históricos y conceptos: Wikipedia,
  • Citas Bíblicas: Versión RVR60, tomada de www.biblegateway.com,
  • Notas personales,
  • Imágenes: Google.